Mil noventa y cinco días
Hola a todos.
Hoy quiero romper una lanza en pos de todas aquellas personas a las que la tristeza, también conocida por el alias de "pena", en estos momentos atormenta y hace sus vidas languidecer sin compasión alguna.
Hoy quiero transmitir un conocimiento, en un humilde intento de aliviar un poco a esas personas que ahora adolecen de ella, un conocimiento que, si bien ya tenía constancia de él, permanecía dormido e ignorado en algún lugar en lo profundo de mi ser, y que, como el burro, a fuerza de palos he llegado a comprender.
Hoy hace mil noventa y cinco días, que si bien tal cifra da la impresión sonora de ser algo cuantificablemente de importancia, en realidad, según la circunstancia aplicada a ella, es más bien poca cosa.
Pero bueno, como decía, hoy hace mil noventa y cinco días que cierta persona, que parafraseando al inmortal Cervantes diré, de cuyo nombre no quiero acordarme, tuvo a bien presentarme a tan cruel dama... La Tristeza.
Durante mucho tiempo, como Françoise Sagan, me vi obligado a darle los "Buenos Días", pero, al contrario que Jaime Urrutia, yo nunca me enamoré de ella; yo la tuve que soportar estoicamente como una insufrible compañera de viaje.
Cuánto tiempo sentí su opresor abrazo noche y día es algo que a día de hoy sería incapaz de precisar; solo puedo deciros que supongo que finalmente mi compañía terminó por resultarle tan aborrecible a ella como a mí la suya.
Cuando cuentas con un puñado de amigos fieles, cuando cuentas con una desconocida, pero a la vez tan cercana y conocida amiga de allende los mares, que te habla y te escucha y que además es la viva imagen personificada del espíritu de fortaleza humano imposible de abatir y doblegar, cuando cuentas con otra "más que amiga", una maravillosa persona que entró en tu vida y cuyos sentimientos te sostienen e impiden tu caída, cuando cuentas con todos esos milagros terrenales, la tristeza deja ver su parte más voluble, convirtiéndose en una amante despechada que tarde o temprano se aleja de ti, y que tan solo en días como este te besa tímidamente en la mejilla para recordarte que ella siempre te esperará.
Y ese, amigos míos, es el conocimiento que hoy quiero transmitir a esas personas que tan necesitadas se encuentran en estos momentos de él.
Como cantaba Serrat: "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar"... pasar página porque "es mejor caminar que pararse y ponerse a temblar".
La tristeza al final os abandonará; ella nunca se queda para siempre y no olvidéis que de pena ya no se muere nadie.
"En una desnuda página en blanco, que no llegamos a escribir del libro de nuestra vida, hay prestadas unas palabras que, domando la rebelde memoria, tendríamos a bien recordar, porque más pronto que tarde, todos beberemos de esa amarga Fuente:
Solo los necios permiten morir un presente, por recordar un pasado que ya no tiene futuro".
Louis

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