"Calladitos estáis más guapos"

En la imagen aparece Copi amordazado para que no pueda criticar al gobierno

 
Al contrario que los aciertos, los errores quedan inscritos en las páginas de la historia en mayúsculas y con letras de fuego, y a pesar de ello, el ser humano tiende a olvidar esas enseñanzas que arrastra como cicatrices indelebles tatuadas en su triste pellejo a lo largo y ancho de las eras.


Hace ya mucho que observo cómo el poder absoluto que nos somete muestra una clara y suicida perseverancia que lo ha conducido a cavar inconscientemente y sin el más mínimo síntoma de desfallecimiento su propia fosa, en este caso séptica, por la materia que terminará conteniendo.


Solo hay que dar un vistazo a las páginas de los libros de historia para comprender que el mecanismo más antiguo de estabilidad social no son las leyes, no son los ejércitos, no es la policía, no es la moral, no es la educación.


Si bien todo lo anteriormente descrito son pilares regios y comunes que mantienen dicha estabilidad, sin un pequeño y humilde derecho que nos asiste, sin ese aglutinador universal, esos cimientos caerían bajo su propio peso autocrático.


Ese minúsculo don otorgado, que al parecer pasa inadvertido para las hordas dirigentes, a día de hoy, claramente enfermas terminales del más repulsivo narcisismo y de la más injustificada prepotencia, no es otro que el derecho a pataleo de los infravalorados ciudadanos. Ciudadanos que para ellos no son más que ganado con el que comerciar y del que alimentarse.


Esa válvula de escape, ese derecho a patalear, ese derecho a quejarse, ese derecho a decir “esto es injusto” sin que te caiga encima el aparato del Estado, ese derecho a maldecir, a protestar, a criticar, a gritar al cielo, es lo único que evita que la presión social explote.


Sinceramente, desconozco quién diseñó ese mecanismo, pero fuese un gobernante, un filósofo, un sistema cultural o la propia evolución social, fue un visionario porque entendió que la represión absoluta no genera obediencia: genera que la sociedad al unísono explote.


Hasta hace tan solo unas pocas décadas, ese derecho, arropado por una suerte de leyes no escritas, siempre había sido respetado como algo sagrado por los que ejercían el poder y que lo permitían, dosificándolo en mayor o menor medida según las circunstancias demandaran.


Esto era de tal forma porque, aun dotados de menguadas luces de raciocinio y humanidad, comprendían que si cierras la válvula por completo, al sistema no le queda posibilidad alguna de lograr aliviar la presión que, obviamente y con el paso del tiempo, termina acumulándose, y cuando eso sucede, la consecuencia natural es única e inevitable, además de sencilla de vaticinar.


Pero al igual que el tiempo pasa y con su paso el paisaje se transforma, este principio primordial y omnipresente se está diluyendo poco a poco, menguando debido a ello el poco conocimiento que ya de por sí exhiben nuestros gobernantes.


Es imposible no darse cuenta de que han perdido el juicio y de que están decididos a erradicarlo promulgando leyes mordaza, ejerciendo censura encubierta, estableciendo la criminalización de la crítica, el control del discurso, la penalización de la protesta, la vigilancia digital, la cancelación administrativa, multas por opiniones y sobre todo, etiquetando cualquier crítica como “odio” o “desinformación”.


Estos políticos impíos, autócratas, absolutistas y totalitarios no soportan la disidencia, no toleran que se les critique, no aceptan que se les cuestione, pero lo más grave es que ni tan siquiera conciben que pueda o deba hacerse en un estado de libertad porque creen estúpida y ciegamente que ellos son el Estado, y como condición de ese credo están destruyendo la única válvula que mantenía la presión bajo control.


Su ineptitud ha alcanzado ya tales cotas que no comprenden que cuando cierras y obturas la válvula, la caldera explota, y esto que denuncio, permítanme que arroje un poco de luz para los menos aventajados de entendederas, no es ideología, es física social básica.


Lamentablemente, un sistema injusto puede sobrevivir décadas si permite que la gente: se queje, proteste, critique, se desahogue, exprese su rabia, diga lo que piensa, y esto es debido a que logra que ese sentimiento inflamado de injusticia se deshinche, pero un sistema injusto que además prohíbe el desahogo… la explosión social, la violencia en las calles y la ruptura total con el sistema, es algo que tiene garantizado tarde o temprano.


Cuando la presión no desaparece, se acumula, se pudre, se convierte en resentimiento y el resentimiento, cuando no tiene salida, se transforma en ruptura y finalmente en violencia.


Esto no sucede porque la gente sea mala e intrínsecamente antisocial, sino porque la biología humana no soporta la impotencia infinita.


Estos ególatras egocéntricos primero ignoraron las quejas, después las prohibieron y terminaron reprimiéndolas implementando cualquier método por desleal o ilegal que fuese, y cuando ese estallido social premonizado se dé, solo entonces se harán la pregunta: ¿Por qué ha pasado esto?


No les entra en sus podridas mentes que cuando la gente no puede hablar, calla y cuando calla comienza a romper.


¿Por qué ha pasado esto?... La respuesta siempre será la misma:

Pasó porque vivías en tu puto mundo de soberbia y avaricia y jamás fuiste capaz de obrar con honestidad, honradez ni ética y sobre todo porque decidiste unilateralmente arrancarle a la gente su derecho de vivir y hablar en y con libertad... pero tú nunca serás capaz de verlo, maldito sociópata.


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