De Siniestro Total a los Borbones: el naufragio de la bandera en Vigo

Copi, vestido con el traje de gala del ejercito de tierra que utiliza el rey Felipe VI, saluda a nuestra bandera.

 

Hola de nuevo.


Hoy quiero comentaros el incidente que se produjo el sábado 30 de mayo de 2026, en la celebración anual del Día de las Fuerzas Armadas, que este año había tenido a bien recalar en Vigo, exactamente en la zona de la playa de Samil, para festejar el tal evento.


Poco podían imaginar los chicos de Siniestro Total, allá por el 85, cuando montados en el Vitrasa, dirección a la mencionada playa, y silbando rockabilly en su Pitagol, que aquel destino costero donde disfrutaban del mar con la seguridad que su flotador con forma de patito les proporcionaba, y donde tumbados al sol como los lagartos, escuchando en un viejo transistor Sanyo Radio Popular, que aquel enclave playero de diversión asegurada, sería 40 años después el anfitrión que, con gusto, recibiría la visita de sus Majestades y de la Princesa de Asturias para celebrar tan señalado día del calendario castrense.


Pero, al contrario que aquella joven banda punki que se las prometía tan felices con un brillante astro rey que los observaba desde las alturas instalado en un cielo azul, aquel sábado no sería azul, sino plomizo, el que amenazaba con desplomarse sobre tan ilustres testas y que dio una triste bienvenida a la más noble de las familias españolas.


El planeado acontecimiento de férreo protocolo ya comenzó con mal pie, puesto que, debido a las inclemencias climatológicas, se tomó la dolorosa decisión, claro está, por motivos de seguridad, de anular el espectáculo estrella por antonomasia de la jornada, que no era otro que la tan esperada exhibición aérea por parte del estamento militar, pero como se suele decir, "The show must go on": El espectáculo debe continuar.


La celebración siguió desarrollándose, hasta donde yo sé, de forma correcta, coherente y planeada. Lo que en un principio mal había dado comienzo parecía haber retornado a su cauce natural.


Como he comentado, todo volvió a lo previamente establecido, aparentemente, porque, llegado el momento cúspide, el momento álgido en cuanto al punto de vista emocional se refiere, ese momento en que todas las miradas están fijas en un único lugar, persona u objeto, sobrevino el desastre, el peor de los augurios del que una casa real y sus súbditos pueden ser testigos.


Tres guardias reales, pertenecientes a cada una de las tres ramas del ejército, conformaban la guardia de honor responsable de escoltar a la enseña nacional y a su portador, un oficial de alta graduación del Ejército del Aire, y a otros dos oficiales, representantes del Ejército de Tierra uno y de la Armada el otro, que lo acompañaban, hasta el lugar donde debía ser izada.


El tradicional y vetusto ritual dio comienzo sin mayor incidencia, pero cuando nuestro ilustre pabellón se encontraba a media asta, como sabiéndose en el triste lugar del luto, se desplomó al igual que haría un castillo de naipes edificado en el etéreo elemento.


Al parecer, la polea que se encontraba anclada en la parte superior del mástil y que proporcionaba el principal soporte al mecanismo de izado se desprendió de su punto de anclaje, provocando la inevitable caída de esta junto con la bandera, y por ende, dando al traste con la ilusión generalizada de los allí presentes de verla ondear libre y majestuosamente al viento.


Aunque hasta aquí se podría tildar tal suceso de una desafortunada y penosa anécdota, por mucho que haya, que haberlos haylos, unos cuantos tontos de baba que se alegren, también es cierto que no puedo evitar pensar, como ya he mencionado, que hayamos asistido a la representación de un nefasto augurio.


En el universo castrense hay claras normas, unas escritas y otras que, aunque no lo estén, todos conocen y respetan, referidas concretamente al citado estandarte.


Como he dicho, en el ámbito militar la bandera no es un objeto, es el alma del regimiento, es la representación de la patria, es la memoria de los caídos, es la continuidad histórica de la nación, y por ello, las normas dictan exactamente cómo proceder:


- Prohibición absoluta de que la bandera toque el suelo. Esto es dogma militar, no es una recomendación, es una prohibición categórica.


- Si la bandera cae al suelo, se considera deshonor y el abanderado y su escolta son responsables directos.


- En combate, dejar caer la bandera equivale a deserción moral.


- En actos solemnes, que la bandera caiga es uno de los peores incidentes posibles.


- El abanderado es un cargo de honor extremo y no puede tratarse de un soldado cualquiera; debe ser un veterano con expediente impecable, que es elegido por mérito, valor y conducta, y su misión es proteger la bandera con su vida si fuese necesario.


- En combate, el abanderado no puede retroceder, no puede rendirse y debe morir antes que entregar la bandera. (Supongo que por eso, históricamente, los abanderados tenían una esperanza de vida bajísima en batalla)


- La bandera nunca se mueve sola: siempre va acompañada por un sargento porta–banderín, dos escoltas armados, y en actos solemnes, una compañía de honores cuya misión será impedir que nadie se acerque, evitar que caiga, y protegerla incluso con fuego real si fuese necesario.


- La bandera no se inclina ante nadie, y en este apartado hay especificaciones contundentes:


* La bandera española no se inclina ante ningún jefe de Estado extranjero.


* La bandera española no se inclina ante el gobierno.


* La bandera española no se inclina ante el Rey


* La bandera española solo se inclina ante el Santísimo Sacramento.




Cuando un soldado jura bandera, jura derramar hasta la última gota de su sangre en defensa de España.


Ese juramento se hace ante la bandera, no ante el rey, ni ante el gobierno, ni ante un general; por eso la bandera es testigo del juramento, garante del honor y símbolo de la vida y la muerte del soldado.


Podría extenderme aún más, pero creo que habrá quedado clara la idea de lo que significa nuestra bandera. Estas normas son así porque la bandera representa a la Nación, no a una persona.


Esto es un credo sagrado para todo militar que se honre de serlo y, personalmente, pienso que, aunque no hace falta que el ciudadano de a pie llegue a tales extremos, sí debería respetar y acoger el concepto en sí, puesto que es la representación clara y directa de nuestro país, y si alguien carece de ese sentimiento, como tan de moda parece estar, pues sencillamente se convierte en un apátrida y eso es aún más triste.


Ese sentimiento debería estar presente en todos nosotros, independientemente del credo político que se profese, y por supuesto no identificar el mismo con movimientos extremistas que nada tienen que ver con la realidad que este representa.


El problema es que los que deberían respetarla y honrarla aún más si cabe que el resto son los que precisamente se han encargado de extender ese pensamiento torticero, falso y desleal.


Por supuesto, estos no son otros que los políticos, esos mismos elegidos teóricamente por el pueblo para asegurarse de que los valores que representa y las personas que se arropan en ella tengan siempre garantizados sus derechos y su bienestar.


Pero de todos es conocido que hacen exactamente lo contrario e intentan destruir cualquier símbolo de unidad porque en la división es donde ellos pueden sembrar el fanatismo y obtener los frutos que buscan recolectar.


Bueno, retomando el tema que nos ocupaba, diré que históricamente, para un soldado en campaña, que la bandera cayese al suelo significaba una señal de los cielos que pronosticaba una derrota segura en la contienda; por suerte no es el caso, pero la profecía se tornaba mucho más oscura si esto sucedía en presencia del rey y más en un acto institucional.


Pero además hay varias agravantes, como serían que dicho suceso acontezca a la vez que suena el himno nacional, o que se dé estando el sucesor dinástico del rey junto a él, o que coincida con que los representantes civiles, aun no debiendo estar ausentes, lo estén, y uno de los más temidos es que suceda en el momento de izarla y no de arriarla, ya que esto empeora sustancialmente el pronóstico.


En definitiva, la mística indica que darse alguno de estos factores puede estar presagiando la caída del monarca, la desestabilización del país, la ruptura entre el estado y los ciudadanos, la pérdida de prestigio internacional de la nación, una posible ruptura de los territorios patrios, y muchos más negros presagios de pájaro de mal agüero.


Debido a todo esto, si lo pensamos, aunque se pueden rastrear los orígenes de la casa de los Borbones hasta un feudo fundado en el siglo X, no es hasta 1272 cuando se puede nombrar con propiedad el verdadero nacimiento de la estirpe.


Se podría decir que llevan pululando por el mundo oficialmente ocho siglos, que se dice pronto, pero en las crónicas que constan sobre ellos, nunca se registró algo como lo que ha pasado; en ninguna de ellas ha quedado registrado algún momento en su historia que recoja la caída de un estandarte ante el miembro más representativo de la familia.


Y justamente ahora, cuando la monarquía en España está viviendo uno de sus momentos más delicados, cuando el número de detractores con los que cuentan se ha multiplicado exponencialmente, cuando las autoridades civiles actuales y sus socios se declaran abiertamente republicanos y refuerzan el sentimiento antimonárquico, justamente ahora, no es que la bandera caiga ante Felipe VI, es que además fue en el momento de izarla, delante de su sucesora, la Princesa de Asturias, en un acto solemne, sonando el himno nacional y sin estar presente el presidente del gobierno... ¡¡¡Joder!!! Eso es un pleno al 15 en el mundo de la superstición.


Si no fuese porque creo que Sánchez, por mucho que sea capaz de hacer para salirse con la suya y continuar aferrándose con uñas y dientes a la poltrona, y que aún no ha llegado al extremo de utilizar métodos que impliquen este tipo de creencias como mínimo poco ortodoxas, diría que él mismo se encaramó con nocturnidad y alevosía, trepando la noche anterior a lo alto del mástil y que, mientras sonreía malévolamente, soltó el perno que sujetaba la polea del mecanismo de izado de la bandera... Es que me lo estoy imaginando ahí arriba, de noche y vestido de negro con un pasamontañas ídem y descojonándose a la vez que afloja el tornillito, y me pregunto si no será eso lo que pasó en realidad.


Hemos llegado a tales extremos de estupidez y de pasotismo que ya cualquier cosa puede ser posible por increíble que parezca, aunque la imagen de este tipo escalando el mástil de la bandera espero que no pase de ser más que una simple imagen cómica y una exageración satírica... espero.

Comentarios

  1. No tengo muy claro si la enseña nacional se desplomó o tenía intención de abandonar España en vista de la cantidad de cenutrios, zoquetes y lerdos que circulan por la Carrera de San Jeronimo .
    Daoiz y Velarde

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    Respuestas
    1. Muy cierto: tal y como van las cosas en este país, cualquier cosa es posible.
      En cuanto a la Carrera de San Jerónimo, el problema no es solo que circulen por allí, que también; es que se instalan, e incluso parece que con vocación de permanencia.
      Y sinceramente, si don Luis y don Pedro levantaran la cabeza, no creo que se sorprendieran demasiado: los tiempos cambian, pero la estupidez es una constante histórica.
      Muchas gracias por comentar.
      Louis dP

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